sábado, 19 de diciembre de 2009

¿Medio lleno o medio vacío?


Imagen: Modelo sosteniendo un vaso para un anuncio de Biancosarti, fotografía de A. Villani

Después de la tormenta siempre llega la calma, y tras cada acceso de ira busco la complicidad del silencio. En él no hay lugar para mis habituales compañeros de batallas: ni novelas, ni largometrajes, ni él. Me cobijo en ese mundo inaprensible al que mis propios pensamientos tienen la entrada prohibida.


Luego me pregunto cómo es posible que mis arrebatos le pillen tan desprevenido. Es incapaz de ver mi vaso frágil colmarse de gotas funestas. Y cuando la ira me convierte en un gato salvaje, me mira horripilado. Quizá también él sea dueño de un vaso invisible a punto de inundarse con los destellos de mi locura.


domingo, 29 de noviembre de 2009

Fragmento de "Todos los nombres"


"Personas así, como este don José, se encuentran en todas partes, ocupan el tiempo que creen que les sobra de la vida juntando sellos, monedas, medallas, jarrones, postales, cajas de cerillas, libros, relojes, camisetas deportivas, autógrafos, piedras, muñecos de barro, latas vacías de refrescos, angelitos, cajas de música, botellas, bonsáis, pinturas, jarras, pipas, obeliscos de cristal, patos de porcelana, muñecos antiguos, máscaras de carnaval, lo hacen probablemente por algo que podríamos llamar angustia metafísica, tal vez porque no consiguen soportar la idea del caos como regidor único del universo, por eso, con sus débiles fuerzas y sin ayuda divina, van intentando poner algún orden en el mundo, durante un tiempo lo consiguen, pero sólo mientras pueden defender su colección, porque cuando llega el día en que se dispersa, y siempre llega ese día, o por muerte o por fatiga del coleccionista, todo vuelve al principio, todo vuelve a confundirse."

José Saramago

sábado, 7 de noviembre de 2009

Retratos


Nada más salir del ascensor, mis familiares me recibieron con desproporcionadas alharacas. Hacía meses que no nos veíamos y todos se deshicieron en atenciones mientras yo dejaba las maletas en el estudio y me ponía cómoda. Todos menos él, que se limitó a contemplarme desde el salón con aquella mirada fría que llevaba años perfeccionando. Quizás era su forma de echarnos en cara el abandono sordo en que le habíamos sumido.

Aproveché uno de los pocos instantes en que quedamos a solas para acercarme más a él. Acaricié su rostro con mi mano izquierda, en un intento por retirar el polvo acumulado sobre el retrato. Resulta curioso -pensé- cómo los cuadros parecen mimetizarse con las paredes de una casa hasta desaparecer por completo del campo visual de sus moradores. ¿Cuántos años, meses, días son necesarios para que estos dejen de detenerse frente a los retratos y olviden los rostros de los allí inmortalizados? Como suele decirse, la vida sigue, y a los difuntos les espera una muerte progresiva hasta alcanzar la anonimia del olvido, la inexistencia absoluta. Sin embargo, los muertos, de vez en cuando, logran vengar su sino -si bien de forma precaria- hablándonos en sueños de los que inevitablemente despertamos envueltos en un sudor frío y con un nudo de nostalgia en la garganta.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Fragmento de "Madame Bovary"

Imagen: La Mort de Madame Bovary, por Albert-Auguste Fourie

"(...) nadie puede jamás dar la medida exacta de sus necesidades, ni de sus concepciones, ni de sus dolores, (...) porque la palabra humana es como un caldero rajado sobre el cual tocamos melodías para hacer danzar a los osos cuando quisiéramos enternecer a las estrellas."

Gustave Flaubert

martes, 8 de septiembre de 2009

Buhardilla vacía

Imagen: Ático de la Casa de Ana Frank


Nada tan triste como visitar
La buhardilla del pensamiento
Y no encontrar en ella
Ni rastro del yo extraviado.

Nada tan triste como desertar
Las arcadias del pasado
Sabiendo que quien las creó
Es hoy otro.

Sin darnos cuenta hemos aprendido
A enterrar sombras tras el espejo,
A fingir corduras en un mundo loco,
A pisotear las raíces de lo añejo,
A dejarnos morir de a poco.

Sin quererlo nos hemos resignado
A cerrar puertas que no abriremos,
A vagar por senderos de cobardía,
A olvidar nombres que no mentaremos,
A prodigar lágrimas en tierra baldía.




martes, 9 de junio de 2009

Desparpajo


El 20 de junio se celebra el Día del Español por iniciativa del Instituto Cervantes. Una de las singulares propuestas que acompañan a esta fecha será la elección de la palabra más votada por los internautas como su favorita dentro de la lengua española.

De momento, los primeros puestos de la lista los ocupan las siguientes palabras: malevo, chapuza, valentía, albricias, cariño, malabarista, abrazo, sonrisa, bregar y mañana. Mi aportación ha sido desparpajo, pero, como suele decirse, para gustos colores (o palabras).

¿Cuál elegiríais vosotros?

lunes, 18 de mayo de 2009

En memoria del poeta que vivió adrede


Cuando alguien escucha la palabra “poeta” suele acudir a su mente la imagen idílica de un ser apartado de la realidad, intocable y etéreo. Para desterrar ese prejuicio, absurdo pero arraigado, no hay nada mejor que leer a autores como Mario Benedetti.

Escritor camaleónico, narrador, cuentista, dramaturgo y ensayista, Benedetti fue, por encima de todo, un poeta con mayúsculas. A él no le hacían falta vocablos incomprensibles ni temas bucólico-pastoriles propios de tiempos pretéritos. Su léxico directo, cotidiano y sencillo –que no simple- y sus temas relevantes, cercanos y atemporales (amor, solidaridad, muerte, libertad, melancolía, por mencionar algunos) bastaron para emocionar a millones de personas, que supieron apreciar en su poética una sinceridad y autenticidad tan inusitadas como necesarias.

A diferencia de otros autores, Benedetti entabló con los lectores un diálogo en igualdad de condiciones, sin mirarles por encima del hombro ni cegarles con lecciones de superioridad baratas. El haber sido taquígrafo, vendedor, cajero, contable, traductor, librero, funcionario, periodista, sin duda le ayudó a comprender el sentir de esos hombres y mujeres anónimos, condenados a pisotear anhelos encerrados en una oficina de ocho a cinco para volver a casa hastiados del mundo.

Ayer, este escritor alérgico a las etiquetas nos dejó. Se fue con un nuevo libro de poemas a medio acabar. Por suerte nos quedan sus más de ochenta obras para consolarnos por su pérdida y, sobre todo, para celebrar la grandeza de un uruguayo irrepetible.

“El mundo pasa sin interrupciones, con paisajes que llenan el contorno, alarmas con abismos, glorias inaccesibles, perdones que no pedimos y alborotos en la conciencia cerrada con candado.
Hasta que en una noche inesperada, los párpados sucumben y ya no se levantan.”
(Fragmento de “El mundo pasa” de su libro Vivir adrede)