jueves, 2 de abril de 2009

Confesiones de doble filo


Poca gente sabe que los cuchillos no se desafilan, se desconsuelan. Únicamente aquellos de filo irrompible quedan libres de cargar con la culpa de su condición destructora. El resto cobra conciencia tarde o temprano de esa naturaleza doblemente amarga, la de saberse una mera herramienta ideada por y para el hombre, cuya pragmática cotidianidad puede tornarse mortífera en manos del individuo equivocado. Ya sean empleados como arma o útil de cocina, su horario laboral concita las tareas más desagradables: seccionar, desgarrar, trinchar, mutilar, apuñalar y, en ocasiones –quién sabe si como pequeña venganza-, rebanar algún que otro dedo distraído.

Tribulaciones morales aparte, los cuchillos envidian al resto de cubiertos por sus formas sinuosas, que tanto hacen deslucir su rigidez lineal. Desearían poder imitar el cobijo maternal de la cuchara, que parece acunar manjares de camino a labios hambrientos, o incluso poseer el sadismo mitigado del tenedor, que se limita a clavar en ellos su metálico tridente y reposa después majestuoso sobre el plato o el tapete.

También abundan los rencores entre los de su misma especie. En horas bajas, los cuchillos jamoneros envidian a los de mesa por tener un cometido más apacible que el de laminar la extremidad de un animal amojamado. Los de hoja de sierra suspiran por ser artísticos e inofensivos como los acabados en punta roma, capaces de trazar bellas ondulaciones sobre crujientes tostadas sin apenas rasparlas.

La próxima vez que el incómodo silbido de la chifla anuncie la llegada del afilador a tu barrio, recuerda que no es el uso lo que hace que los cuchillos se emboten, oxiden o desgasten. Piensa en sus frustraciones secretas y comprende que un cuchillo desafilado es un cuchillo reflexivo, que después de toda una vida cuestiona su entorno y a sí mismo. Y, por lo que más quieras, no abras la puerta.

Imagen: Knives. Cream and Black, Andy Warhol.

4 comentarios:

Espérame en Siberia dijo...

Jajajaja, ¡qué bonito! Pobrecitos de los cuchillos, no sabía que les pesara tanto la visita del afilador.
Y qué buneo que quieras leer Amor, etcétera. Yo ya lo estoy terminando y no me arrepiento, es una maravilla.

¡Muchos besos!

Laura M. Cañamero dijo...

Gracias por seguirme incluso durante mi ausencia. Un saludo!!!

Laura M. Cañamero dijo...

Tienes un regalin en mi blog! Gracias por acompañarme en el mundo. Un abrazo.

lolama dijo...

Estoy emocionada. Como se puede escribir algo tan bonitio, sobre algo tan cotidiano. Sigue teabajando asi y lograras lo que deseas. Te quiero. Un besazo